Una sesión de Bowen suele durar aproximadamente una hora. Durante este tiempo, el cliente se coloca sobre una camilla de masajes (puede quedarse con ropa ligera puesta). El terapeuta aplica con los dedos, sobre los tejidos blandos, secuencias de suaves manipulaciones llamadas "Movimientos Bowen“, alternando con descansos cortos, de 2 a 5 minutos, apartándose de la camilla para no interferir en la información aplicada con los Moves. 

 

A través de receptores dentro de los tejidos (muscular, tendinoso, fascial), se mandan señales al sistema nervioso, activando procesos autorregulatorios, que pueden ocasionar una profunda relajación mental, un alivio duradero del dolor y una liberación a nivel emocional.

 

En general, se perciben las sesiones de Bowen como muy relajantes, algunos clientes llegan incluso a dormirse. A veces aparecen percepciones subjetivas, como vibraciones en los tejidos, algún tirón, partes del cuerpo que crecen o algún dolor, que emerge antes de desaparecer de nuevo.

Muchos pacientes se sienten, inmediatamente después del tratamiento, físicamente más ligeros, suaves, enérgicos y optimistas.

 

A menudo ocurre una mejoría notable de los síntomas ya durante el tratamiento. Pero el efecto de una sesión con la técnica Bowen va mucho más allá del alivio inmediato de un síntoma físico.

Con una sesión Bowen, se inicia una regulación profunda a nivel del sistema nervioso autónomo, imprescindible para cualquier proceso de curación en el cuerpo (leer más abajo, en el punto "mecanismos del funcionamiento del sistema nervioso autónomo").

 

Para que los cambios se integren adecuadamente, hay que reducir el esfuerzo físico, evitando sobrecargas; no hay que permanecer sentado un tiempo excesivo, beber agua regularmente. También es conveniente caminar al menos una hora al día, si es posible. El proceso autorregulatorio puede durar varios días.

 

De esta manera, el cuerpo tiene la oportunidad de implementar la autorregulación iniciada por el tratamiento. Si tiene éxito, los síntomas, que han demostrado tener trastornos funcionales, se vuelven superfluos y pueden desaparecer.