Diversas teorías explican como la Técnica Bowen incide en los procesos de autorregulación de los mecanismos fisiológicos del cuerpo humano. 

 

La herramienta esencial de la Técnica Bowen es el “Move Bowen”. Al aplicar la técnica trabajamos sobre la red de fascias que está en conexión con el sistema nervioso, provocando en el cuerpo patrones vibracionales.

 

Antes de explicar las diferentes teorías abordamos la ejecución de un Move Bowen:

El Move Bowen consta de varias etapas. El terapeuta primero repliega la piel (la mueve en dirección opuesta al siguiente paso), luego va aplicando una suave presión perpendicular a las fibras musculares (“Puesta en tensión” del músculo) y comprime la capa superior de las fascias efectuando el Move al pasar por encima del músculo. Finalmente retira los dedos permitiendo que el cuerpo absorba la información aplicada.

 

Fascias y biomecánica

Todo el cuerpo esta envuelto por las fascias, una “segunda piel“ que permite flexibilidad y conjunción del movimiento entre diferentes partes del cuerpo (músculos, tendones, huesos, nervios o vísceras).

Esto explica la importancia de las fascias en la alineación postural, la coordinación muscular y la integridad estructural.

Cuando existe estrés en el cuerpo (tensión y disfunción), las fascias pierden lubricación, afectando a la función muscular y el movimiento.

Aplicar Bowen ayuda a que ceda la rigidez y las fascias se vuelvan a hidratar, estimulándose la circulación de líquido en zonas que previamente estaban secas. Esto ayuda a recuperar movilidad y una postura natural, sin una movilización o estiramiento severos.

  

Las fascias y el sistema nervioso autónomo

Las fascias están en diálogo continuo con el sistema nervioso, que es sensible a las presiones externas.

Al aplicar Bowen, se activan diversas conexiones neurológicas (mecanoreceptores, nocireceptores, husos musculares, órganos tendinosos de Golgi, puntos neuro-reflejos, puntos neuro-linfáticos)  provocando una respuesta recíproca y una reordenación de funciones corporales, incluidas las tensiones en el tejido fascial.

 

Los nocireceptores, por ejemplo, informan al cerebro de estímulos que podrían dañar al cuerpo. Cuando el cuerpo sufre un accidente, los nocireceptores envían un reflejo al tálamo, a una velocidad de 70 a 120 metros por segundo, a través de fibras ascendentes. El tálamo es un centro de conmutación en el cerebro.

Si el estímulo es fuerte, se pasa del tálamo al cerebro, y en este punto el cuerpo siente dolor. A través de las fibras descendentes este proceso vuelve al lugar dañado, tensando el tejido lesionado para protegerlo. El resultado  es una perdida de movilidad y una perturbación del flujo sanguíneo. Si esta situación de dolor se prolonga en el tiempo se transmite la rigidez a la fascia circundante, dando lugar a una pérdida de movimiento en los tejidos adyacentes y una alteración del flujo sanguíneo. Esta restricción puede persistir una vez resuelto el problema originario ya que las fascias retienen su antigua posición de lesiones a través de “su memoria”.

 

Con cada Move Bowen hay una suave activación de las fascias. Si a este estímulo se le da tiempo suficiente, la información llega al tálamo donde se procesa una respuesta de "no dolor" (retroalimentación).

El cuerpo reacciona con una relajación, el tejido conectivo se vuelve más suave y las rigideces de la fascia se disuelven. Como resultado, las estructuras músculo-esqueléticas vuelven a tener una mejor movilidad, la circulación se mejora, los nervios se regeneran y la linfa puede fluir de nuevo sin obstáculos. Sobre la base de esta relajación reflexiva, las funciones del cuerpo están de nuevo acercándose a su condición óptima.

 

Sistema Nervioso autónomo:

Estos procesos son, en su mayoría, inconscientes y, por lo tanto, forman parte del sistema nervioso autónomo (SNA), que controla unos 80% de los funciones corporales.

Así se explica la importancia de este sistema para el mantenimiento y la recuperación de la salud y su capacidad para la autorregulación del cuerpo.

La mayoría de las personas viven en la actualidad en un constante estado de estrés, con el SNA simpático sobre-estimulado y totalmente fuera del equilibrio (“modo“ pelea, huída, congelación). Sólo puede tener lugar una curación cuando cambia la dominancia del SNA, de simpática a  parasimpática („modo“ descanso, relajación, reparación). Aplicar Bowen ayuda a catalizar este mecanismo eficazmente.

 

Las Pausas.

Permiten al cuerpo integrar la información aplicada y devolver el equilibrio al SNA. Según el principio "menos es más“, el SNA tiene más facilidad para integrar y procesar un "Move Bowen“, al recibir unos pocos estímulos precisos y permitir que tenga el tiempo suficiente de respuesta, sin que otras señales puedan interrumpirlos.

 

El Plano emocional de las fascias:

Consideramos que el tejido fascial tiene una función de memoria. La ciencia asume, que hay una relación entre psiquis y soma (griego cuerpo): todo lo que sucede a nivel emocional y mental se va a  a expresar también a un nivel físico, en tensiones de la musculatura, en bloqueos fasciales y posturales y en dolencias,  y viceversa. La tensión que llevamos dentro del cuerpo va a influir en nuestra percepción a nivel emocional y mental.

 

Cualquier emoción negativa produce una tensión en el tejido fascial. Lo que antiguamente el idioma recogió en dichos, como "llevar un peso sobre los hombros“, hoy en día se está empezando a ser demostrado a nivel científico. Parece que la fascia guarda memoria, también de accidentes y otros tipos de traumatismos.

 

La palabra emoción viene de ”E-Motion“,  “energía en movimiento“. Las emociones son energía en movimiento. Pero si una energía se ha quedado atascada (por ejemplo por una vivencia traumática) y se ha quedado "congelada“, dentro del organismo, produce tensiones y dolencias y afecta a nuestra percepción de la vida.

Bowtech puede ser una buena herramienta para ayudar a liberar emociones atascadas, integrando vivencias pasadas.

 

Modelo de resonancia

Hasta ahora las vibraciones no se han tenido muy en cuenta en el control de funciones corporales, aunque hace tiempo que se sabe que los patrones vibracionales recurrentes son una característica de todo lo vivo.

Según la Dra. Jo-Anne Whitaker (de Estados Unidos) es posible que el tratamiento Bowen produzca vibraciones armónicas que equilibran el sistema nervioso autónomo. Por lo tanto vibraciones específicas podrían influir en las regiones y funciones específicas del cuerpo.

Así debería ser posible iniciar patrones de vibración específicos, al aplicar la técnica Bowen a las partes y funciones del cuerpo correspondientes y conseguir así que se equilibren.